ECDYSIS · Circus Series · Moodboards · Audiovisual IA • OCT 2026 · 02

ECDYSIS · Circus Series · Moodboards · Audiovisual IA • OCT 2026 · 02

Identificador de obra

RC-2026-001

AÑO

2026

Técnica

Fotografía, Intervención Digital, Mixed Media

Autorretrato realizado en el interior de un ascensor, donde los reflejos, la geometría del espacio y la composición fotográfica transforman una escena cotidiana en un ejercicio de exploración visual. La intervención digital amplía las posibilidades expresivas de la imagen, estableciendo un diálogo entre la representación personal, el espacio y su reinterpretación artística.

ECDYSIS · Circus Series · Moodboards

Una obra audiovisual experimental de Rodrigo Cornejo.

Ecdysis forma parte de Circus, una serie integrada en Moodboards, un proyecto artístico en desarrollo que explora la unidad creativa de la obra a través de diferentes soportes, lenguajes y técnicas. Su planteamiento parte de una idea fundamental: la técnica es una herramienta al servicio de la creación, mientras que la identidad artística se construye y desarrolla con independencia del medio elegido.

Inspirada en el imaginario del circo de principios del siglo XX, Ecdysis combina fotografía de apariencia histórica, collage, fotomontaje surrealista y animación digital. Su lenguaje visual incorpora elementos gráficos de las vanguardias artísticas, composiciones geométricas y texturas que evocan los antiguos procedimientos de impresión.

A través de una sucesión de escenas circenses de carácter onírico, la obra explora la fascinación por el espectáculo y sus contradicciones. Personajes, animales y escenarios construyen una narrativa visual que transita entre la espectacularidad, el artificio y una mirada crítica hacia el maltrato animal en los circos.

El título, Ecdysis, procede del griego y hace referencia al proceso biológico mediante el cual determinados organismos se desprenden de su cubierta exterior para continuar creciendo. Esta idea de transformación encuentra su expresión visual en el desenlace de la obra, cuando un caballo blanco abandona el circo y se aleja hacia un paisaje abierto.

An experimental audiovisual work by Rodrigo Cornejo.

Ecdysis is part of Circus, a series within Moodboards, an ongoing artistic project that explores creative unity across different media, visual languages and techniques. Its approach is rooted in a fundamental idea: technique is a tool in the service of creation, while artistic identity is shaped and developed independently of the chosen medium.

Inspired by the imagery of early 20th-century circuses, Ecdysis combines vintage-style photography, collage, surrealist photomontage and digital animation. Its visual language incorporates graphic elements from the artistic avant-garde, geometric compositions and textures that evoke traditional printing techniques.

Through a succession of dreamlike circus scenes, the work explores the fascination of spectacle and its contradictions. Performers, animals and settings create a visual narrative that moves between spectacle, artifice and a critical perspective on animal mistreatment in circuses.

The title, Ecdysis, derives from Greek and refers to the biological process through which certain organisms shed their outer covering in order to continue growing. This idea of transformation finds its visual expression in the work’s final sequence, as a white horse leaves the circus behind and moves towards an open landscape.

La fascinación y la culpa:
el espectáculo de la crueldad

Hay espectáculos que nos fascinan incluso cuando sabemos que hay algo profundamente perturbador en ellos.

Hay espectáculos que nos fascinan incluso cuando sabemos que hay algo profundamente perturbador en ellos. La tauromaquia es uno de esos casos. Recuerdo una ocasión en la que asistí a una corrida de toros en Las Ventas, en Madrid. Me quedé completamente alucinado. No porque desconociera lo que allí ocurría, sino precisamente por la intensidad de todo aquello: el espacio, los gestos, los colores, el público, la tensión y esa extraña belleza que puede surgir de una situación tan cercana a la muerte.
No me sucede lo mismo con los encierros de Pamplona, que nunca me han despertado una atracción especial. Sin embargo, reconozco que existe algo en determinados espectáculos extremos que me resulta difícil ignorar.

Con el circo me ocurre algo parecido.
Pertenezco a una generación para la que el circo era un acontecimiento extraordinario. No era simplemente una forma de entretenimiento. Era un espectáculo inmenso, desmesurado, donde todo parecía llevarse al límite.
Recuerdo el sonido del látigo, el olor a sudor de los animales, el frenesí de sus miradas. Recuerdo la proximidad de los cuerpos, el riesgo, la tensión y aquella sensación de que cualquier cosa podía suceder.

Y recuerdo, por supuesto, su estética.
Las carpas, los telones, los trajes, los animales, los payasos, los carteles y esa extraordinaria combinación de artificio y realidad. Todo formaba parte de un universo visual que todavía hoy ejerce sobre mí una fascinación difícil de explicar.

Pero hay una contradicción que no puedo eludir.
Hoy comprendo mucho mejor el sufrimiento que existía detrás de aquellos espectáculos. El maltrato animal, el sometimiento y la violencia que durante generaciones se aceptaron como parte natural del entretenimiento.

Y, sin embargo, la fascinación estética permanece.
¿Tengo que sentirme culpable porque algo me resulte hermoso cuando conozco la crueldad que puede esconder?
¿Es posible admirar la intensidad de un espectáculo sin justificar aquello que lo hace posible?
No tengo una respuesta definitiva. Tampoco creo que sea necesario resolver todas nuestras contradicciones para reconocer que existen.
Quizá una parte de esa fascinación provenga de la cercanía de la muerte.
La muerte ronda el circo. Está presente en el trapecista suspendido en el aire, en el domador frente a un animal que podría matarlo, en el acróbata que desafía las posibilidades de su propio cuerpo. También está presente, de una manera mucho más incómoda, en los animales obligados a participar en ese espectáculo.

Esa proximidad del peligro nos devuelve, por un instante, a la pequeñez de nuestra existencia.
Tal vez por eso determinadas imágenes tienen tanta fuerza sobre nosotros. Porque nos sitúan en un territorio vulnerable, donde la emoción se adelanta al razonamiento y donde resulta especialmente fácil introducir ideas, construir símbolos o despertar sentimientos que no siempre sabemos identificar.
Es un territorio que me interesa especialmente como creador visual: ese límite donde la imagen deja de ser únicamente lo que vemos y comienza a actuar sobre nosotros.

Algo que sucede casi por debajo de la conciencia, pero que sentimos en la piel.
De esa fascinación y de esas contradicciones nace Ecdysis, una obra audiovisual experimental perteneciente a mi serie Circus, dentro del proyecto Moodboards.
No he querido reconstruir el circo como un ejercicio de nostalgia ni convertir la obra en una denuncia explícita. Me interesaba recuperar su extraordinaria iconografía, su belleza y su capacidad de fascinación, pero también dejar espacio para aquello que hoy me resulta imposible contemplar con la misma inocencia.

Y fue durante ese proceso cuando apareció otra idea, quizá más personal.

Mudar de piel.

La palabra Ecdysis procede del griego y designa el proceso por el que determinados organismos se desprenden de su cubierta exterior para continuar creciendo.
Me interesó porque encuentro en ella una relación muy directa con mi propia experiencia.
A lo largo de mi vida he atravesado situaciones que me han obligado a cuestionar muchas cosas. Momentos extremos en los que he tenido que decidir si continuaba siendo quien creía que debía ser o si estaba dispuesto a cambiar.
Durante mucho tiempo podemos confundir la transformación con la necesidad de convertirnos en alguien diferente. Como si cambiar significara construir una nueva identidad, abandonar lo que hemos sido y comenzar desde cero.

Mi experiencia me ha enseñado algo distinto.
Cada vez que he llegado a uno de esos extremos y he tenido la posibilidad de decidir, lo que ha ocurrido no ha sido exactamente una transformación en otra persona.
He ido desprendiéndome de lo innecesario.
De determinadas expectativas, de obligaciones que ya no tenían sentido, de ideas sobre mí mismo que quizá nunca me pertenecieron del todo.
Y, después de cada una de esas mudas, he terminado encontrándome con alguien que conocía perfectamente.

Conmigo mismo.
Quizá crecer consista precisamente en eso: no en acumular nuevas capas, sino en aprender a desprenderse de aquellas que ya no necesitamos.

En Ecdysis, un caballo blanco abandona el circo y se aleja hacia un paisaje abierto.

No sabemos adónde va.

Y quizá tampoco importe.

Lo importante es que, por primera vez, puede decidir hacia dónde caminar.

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